Tengo un amigo, bueno, en realidad, un compañero de trabajo, que es totalmente antidepresivo. Se llama Javier del Riego y tiene una sonrisa tan grande que se ha tenido que dejar bigote para no asustar a los demás, especialmente a los que se empeñan en que para trabajar bien es obligatorio tener mala cara.
Fijaos que ha tenido la desgracia (o la suerte) de ser invitado a abandonar la empresa y lo que se le ha ocurrido es escribir un libro.
- ¿Un libro?
Pues sí, un libro, y le ha puesto un título muy significativo: "Y ahora... ¿qué hago?"
Resulta que el libro se lee muy bien y está muy entretenido, además de que cuenta dos o tres cosas muy útiles en estos tiempos que corren, en los que el trabajo vuelve a ser un bien escaso y preciado en lugar de una maldición divina.
Yo no pretendo hoy ahorraros el libro, por supuesto, sólo quiero resaltar dos cosas, las que más me han llamado la atención:
La primera es la brusquedad del cambio de status: en un momento eres un trabajador con 15 años de antigüedad y todo el respeto de tus compañeros y clientes y ¡Zas! al momento siguiente estás despedido, fuera, apartado, recogiendo la mesa del desayuno cuando toda tu familia se ha ido de casa.
En segundo lugar Javier alude al momento especial que se produce: por primera vez en muchos años tienes un montón de tiempo y además te rodea el silencio... Tiempo y Silencio que podemos y debemos aprovechar para repensar todas esas cosas que habitualmente damos por sentadas.
Dice Javier que su libro está dirigido a las personas que en estos días pasan por situaciones similares, pero yo creo que todos podemos aprender mucho de él, así que os animo a leerlo cuanto antes.
Por último deciros que Javier ya ha tenido la suerte (o la desgracia) de ser invitado a unirse a una nueva empresa y la sonrisa le ha crecido tanto que para no asustar a nadie ahora se está dejando la barba.
¡Hasta pronto!

¡Genial lo del bigote y la barba! Pero que no se la esconda demasiado, la sonrisa, pues es contagiosa y muy sana.
Y bueno, a lo mejor me salgo por peteneras porque no me he leido el libro, pero nada más empezar a leer esta reseña lo primero que me ha venido a la cabeza es.... "¡glups! ¿y como voy a pagar la hipoteca? ¿y el logopeda del niño?
Supongo que si uno es antidepresivo y optimista no aunda en estos pequeños detalles... ;-)
Que de hecho, ya se sabe que son y están.
Yo llenaría mi tiempo en buscar trabajo, y el que me sobre, pues no creo que tenga problemas en acabar de ocuparlo.
Pero insisto, seguramente estoy metiendo la gamba y los puntos de vista de un antidepresivo siempre son saludables.
Me llevé una sorpresa al leer tu mensaje. He visto el libro pero pensé que se trataba de "otro" Javier del Riego. He trabajado cerca de Javier, junto a su equipo y eran de esos grupos que alegran a todo el que está cerca. Una influencia positiva, siempre. No me extraña nada que haya tardado muy poco en encontrar trabajo y afortunada su nueva empresa.
Ahora se desprecia la experiencia. No hay referencias. Ya no hay "sabios" en los que podamos apoyarnos y así vamos. Corriendo como pollos sin cabeza. Javier, ni se acordará, en todo lo que traté con él era uno de esos sabios que con una frase te inspiraban para seguir adelante con ilusión.
Buscaré el libro. Ahora sí, sabiendo que es del Javier del Riego que conocí.