Estoy en el camino de Toulouse a Carcasonne, a la altura de Muret. La mañana está magnífica, azul, sin una nube, los campos de girasoles están ceñidos de robles. ¡Qué distinto es este Sur, el de Francia, el Midi!

- ¿Qué son los cátaros?

- ¿Cómo?

- Ese cartel dice que estamos en el País Cátaro ¿Qué son los cátaros?

Mónica pregunta abriendo sus ojos oscuros, grandes, inquisidores.

Mónica es catalana y me pregunta a mí, un madrileño, por la aventura cátara, uno de los momentos cumbre de la historia de Cataluña, el instante en el que, fuerte, segura y potente, duda entre derramarse al norte de los Pirineos o al sur del Ebro.

- Los cátaros eran herejes. Unos herejes un tanto singulares, pues defendían unas ideas muy extraviadas en cuanto a la doctrina pero abogaban por unas costumbres sencillas y puras. Fíjate que les llamaban "les bons homes", los buenos hombres. También se les conoce como albigenses, pero su ciudad principal fue Toulouse, no Albi.

- ¿Y de cuando son?

- De finales del siglo XII y principios del XIII.

- ¿Y qué hicieron, por qué son tan importantes?

Los ojos de Mónica siguen muy abiertos, como dos grandes inquisidores.

- Son importantes porque si Cataluña y Aragón hubieran ganado la guerra cátara es muy posible que hoy no estuvieran en España. El triunfo en Occitania les habría llevado hacia el Norte, a formar un gran reino provenzal o algo parecido.

- Y nosotros no nos habríamos conocido ¿no?

- Posiblemente no.

Los inquisidores de Mónica me piden más.

- Siguiendo con la historia, fue aquí mismo, en la batalla de Muret, donde Pedro II el Católico termina con su muerte la fuga catalana por el Midi. Después de la derrota, su hijo Jaime I, el Conquistador, volcará sus esfuerzos al sur del Ebro, entrando de lleno en España y conquistando Valencia, Mallorca o Murcia (que regala a su primo y amigo castellano, Alfonso X el Sabio) y extendiendo sus lazos hasta Sicilia, mientras que Francia, al hilo de la cruzada, se hace dueña de casi todas las tierras al norte de los Pirineos.

- Por otra parte, los cátaros proponen volver a las costumbres sencillas, alejadas de los excesos y de la corrupción de la época. Esta propuesta tuvo gran impacto en la cristiandad: por poner un ejemplo, es por estos mismos años que el poverello de Asís, San Francisco, funda la orden de los franciscanos.

Mónica sigue escuchando, así que yo sigo hablando.

- Otra de sus grandes innovaciones es el papel que asignan a las mujeres, totalmente equivalente al de los hombres. Creo muy posible que este sea el origen del trato diferencial que recibe la mujer en Occidente. Al menos, yo siempre me he imaginado al joven Dante, que también estuvo por aquí, empapándose de estas ideas y llevándolas hasta Italia.

Mónica sigue atenta, pero intuyo que debo ir acabando con mi historia, antes de que empiece a aburrirse (ella y vosotros).

- Por último, es precisamente contra la herejía cátara que se funda la Inquisición, que tan funesta fama alcanzará en los siguientes siglos.

Al oír la palabra Inquisición, los inquisidores ojos de Mónica se relajan en una sonrisa y se derraman por los fértiles campos del Midi en esta mañana tan azul: ¡Qué bonito es este Sur, sobre todo en vacaciones!

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Evidentemente, dedico esta pequeña historia a todos mis amigos catalanes y más siendo hoy su gran fiesta. En cuanto a la información, por si a alguien le interesa, la he obtenido en su mayor parte de Jesús Mestre Godes.

 ¡Hasta pronto!