Como muchos de vosotros ya sabéis, Jimena es una niña muy tecnológica, así que su Yaya le ha regalado una iPod. Una iPod de las de verdad, chulísima, en la que su padre le ha copiado el disco entero de los payasos de la tele más unas cuantas canciones de Tequila y de los Beatles.

A Jimena le encanta ponerse los auriculares y apartarse del mundo, el volumen alto, los ojos medio cerrados. Se aísla completamente y muchas veces nos cuesta un buen rato hacerla volver.

El sábado pasado se nos despistó ¡Qué susto! Estábamos Ramiro y yo jugando al pádel, pensando tranquilamente que estaría por el jardín, cuando terminamos y vimos que allí no estaba.

¿Dónde está Jimena?

Resulta que Jimena se encontró con un extraterrestre pequeño y simpático, y como se parecía mucho a ET y ella ha visto la película un montón de veces, pues no se asustó ni nada y se hicieron muy amigos.

- Yo me llamo Jimena ¿y tú?

-

- Eso es muy difícil, mejor te llamo ET ¿vale?

ET es un explorador musical y en su planeta todos los habitantes son grandes aficionados a la música. ET andaba por el espacio cuando se tropezó con la nave Voyager 2, aquella que llevaba música de todos los rincones de la Tierra, y desde entonces no ha parado hasta llegar a nuestro planeta.

- ¿Me regalas tu iPod?

Jimena pone cara de asombro antes de contestar.

- No. Es mío. Si quieres te lo dejo, pero sólo un poquito.

- ...

- ¡Bueno, no! Mejor lo escuchamos juntos.

¡Tendríais que haberlos visto juntos! Un ET y una Jimena de ojos azules conectados a una iPod, un auricular para cada uno, tarareando en voz alta las canciones.

ET le cuenta a Jimena que en su planeta les encanta la música, pero que ya nadie la hace.

- ¿Por qué?

- No sé. Hace muchos años las mamás y los papás llegaban pronto de trabajar y cantaban con los niños y les enseñaban muchas canciones, y cuentos, y poesías.

- A mí me gustan mucho las poesías, mi papá me ha enseñado un montón.

Jimena trata de recitarle una: “Sobre el olivar, se vio a la lechuza, volar y volar …” pero ET prosigue con su discurso (tiene los ojos un poco tristes).

- Después empezaron a trabajar cada vez más, y a llegar cada vez más tarde a casa. Entonces todavía quedaban los abuelos, así que durante unos pocos años siguió habiendo canciones y cuentos pero al final, también los abuelos se acabaron.

- ¿Y los niños?

- Los niños están muy solos y tristes. Muchos ya no quieren ni nacer, por eso quiero llevarles música, lo más alegre posible. Y cuentos. Y poesías. ¡Tienes que darme tu iPod! ¡Por favor!

Pero Jimena le propone otra cosa:

- No, no puedo dártelo, me lo regaló mi Yaya. Pero si quieres puedo dejártelo para que grabes las canciones y se las lleves a los niños.

- ¡Vale, me parece bien! ¡Vamos a mi nave!

- ¿Tienes una nave?

- Sí, ¿Te vienes conmigo?

- Umm … Vale. Pero ¿puedo ir a Mallorca? ¿Y a Cádiz?

Grabaron todas las canciones del iPod y además, Jimena le recitó unas cuantas poesías, para que las llevara a los niños de su planeta.

- Si quieres te hago algún dibujo ¿quieres?

Después se fueron a Mallorca, porque Jimena estuvo de pequeña y no se acordaba de nada y a Cádiz, que a Jimena le encanta.

- ¡Mira! ¡Mira el mar! ¿Ves qué bonito?

- Ya lo creo, es precioso ¿Quieres conducir?

Jimena no puede creérselo.

- ¿Puedo? ¿De verdad?

Una enorme sonrisa abre sus ojos de par en par cuando coge el volante.

Final

Jimena condujo hasta París, dio una vuelta a la Torre Eiffel, sobrevoló Notre Dame y después se fue a dar un paseo por EuroDisney, saludando a todos los muñecos. En la vuelta se quedó dormida, como hace siempre que volvemos de viaje.

La encontramos en el jardín, recostada en un banco, con mucho mimo y con el iPod fuertemente sujeto entre las manos.

¡Adiós ET, vuelve cuando quieras!