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La Coctelera

Fugas y Ficciones

19 Diciembre 2007

Su Majestad el Rey de los Belgas


Así comienza el preámbulo del nuevo y flamante Tratado de Lisboa, que reforma el Tratado de la Unión Europea, conocido también como el Tratado de Maastricht y que ha sido firmado la semana pasada sin que nadie o casi nadie se dé cuenta de nada.

Si queréis leerlo, lo podéis encontrar aquí

Ahora que se trata de un documento ilegible e infumable, de más de 280 páginas en la edición castellana, que no tiene ni pies ni cabeza.

Al hilo de...

Claro que lo malo no es eso.

Lo malo es que el sujeto de este documento lo constituyan los 27 jefes de estado de la Unión Europea, comenzando por el de Bélgica, que da título a nuestro post.

Lo malo es que no aparezcan para nada los ciudadanos de la Unión.

Lo malo es que estos señores, en un alarde de cinismo, afirmen desear reforzar la eficacia y la legitimidad democrática de la Unión. (Pág. 5).

¿Legitimidad democrática?

Pues va a ser que no, que el documento no tiene ninguna legitimidad democrática.

a. Ni a priori, pues gran parte de los jefes de estado no han sido elegidos. ¿Quién ha elegido al Rey de los Belgas? ¿Los belgas?.

b. Ni a posteriori, pues no va a ser ratificado por los europeos, a los que ni siquiera se les pregunta (salvo a los irlandeses, que tienen enchufe).

¿Reforzar la eficacia?

Para ver si se refuerza o no la eficacia sólo se me ocurre buscar un ejemplo, mi profesión: la innovación tecnológica.

Así que doy un primer paso, busco la palabra innovación en todo el documento, pero resulta que no viene. ¡La palabra innovación no figura en el Tratado!

No me desanimo: Busco tecnología o tecnológica y ¿qué me encuentro? Pues el siguiente párrafo:

“En los ámbitos de la investigación, el desarrollo tecnológico y el espacio, la Unión dispondrá de competencia para llevar a cabo acciones, en particular destinadas a definir y realizar programas, sin que el ejercicio de esta competencia pueda tener por efecto impedir a los Estados miembros ejercer la suya”.

Suponiendo que alguien entienda algo, el párrafo parece afirmar que la Unión no asume la competencia plena en el desarrollo tecnológico, que la Unión no quiere impedir a los Estados que ejerzan la suya. ¡Qué estupendo!

Pero no es sólo eso, resulta que este párrafo, que figura en la página 64 del nuevo y flameante Tratato de Lisboa ¡es completamente idéntico al que figura en la página 19 de la Constitución Europea!.

¡Nos están proponiendo lo mismo, pero sin preguntarnos!

Será para que no contestemos que no, como hicieron los franceses y holandeses.

Para acabar por hoy, que ya está bien, os dejo unas cuantas preguntas:

1.-¿Cómo empieza la Constitución Americana?

Una pista: no comienza con un “Su Majestad el Rey de los Belgas”.

2.-¿Cómo empezaba el preámbulo de la fallida Constitución Europea?

3.-¿Dónde está aquella Constitución Europea?

Pista: se puede empezar buscando en la página del mismo nombre: www.constitucioneuropea.es

4.-¿Acabará en el mismo sitio el Tratado de Lisboa?

Un abrazo muy fuerte para todos.

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Me llamo Juan Francisco Galán y nací en Madrid, el 8 de agosto de 1966. Con estos tiempos que corren, se me ocurre imaginar fugas y ficciones, abandonos de lo cotidiano que lo aligeren y lo hagan más llevadero, espero que os gusten.

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