Robert Nozick estudia en este artículo la tendencia de los intelectuales a asumir posiciones más a la izquierda de la media y a oponerse a la economía de mercado, e investiga sus posibles causas. Su conclusión es que hay una relación más que plausible con el sistema de recompensas de la escuela, totalmente contrario al del mercado, que genera una excesivas expectativas en los intelectuales.


Robert Nozick saltó a la fama a primeros de los 70, gracias a su tratado “Anarquía, Estado y Utopía”, que se centra en la defensa de los derechos del individuo y que, junto con John Rawls y su Teoría de la Justicia, relanza el debate político, un tanto apagado por aquel entonces.

Su faceta de filósofo es menos conocida, pero igual de interesante. Hoy hablaremos de un artículo que publicó a mediados de los 80, dentro del libro “Puzzles Socráticos”.

Si alguien quiere leerlo entero, lo puede encontrar aquí.

Robert Nozick comienza su artículo delimitando claramente a quién se refiere cuando habla de intelectuales:

“Aquellos que, por vocación, tratan con las ideas, según se expresan en palabras, moldeando el flujo de palabras que otros reciben”.

Estos forjadores de palabras incluyen a los poetas, novelistas, periodistas de diarios y revistas y numerosos profesores.

No incluyen a aquellos que primordialmente crean y transmiten información formulada cuantitativa o matemáticamente (los forjadores de números).

A continuación repasa algunos indicios que nos muestran que sí, que por término medio los intelectuales se sitúan más a la izquierda que los que tienen su mismo estatus económico. ¿Por qué?.

Posibles razones (1ª parte)

Nozick propone un primer grupo de razones sacados de la experiencia, veamos un ejemplo:

Las personas inteligentes ven mejor la realidad y, por tanto, ven más claramente que los demás que el capitalismo es malo y por eso se oponen. Claro que entonces tenemos que preguntarnos por qué los forjadores de palabras se oponen más que los forjadores de números, ¿acaso no son igual de inteligentes?

Tenemos que seguir buscando

Posibles razones (2ª parte)

Nozick continúa con un segundo grupo de razones, mucho más elaboradas:

a) Por interés

Los intelectuales piensan que en una sociedad socialista les iría mejor, incluso pueden pensar que ellos gobernarían, idea que les resulta atractiva y que no es ninguna sorpresa. (Recordemos que Platón, en la República, define la sociedad ideal como aquella en la que gobiernan los filósofos.)

También piensan que una sociedad socialista está organizada siguiendo un plan consciente, es decir, una idea. Las ideas son la materia prima de los forjadores de palabras, y de este modo una sociedad planificada convierte en primordial aquello que constituye su labor profesional, con los beneficios asociados que ello conlleva.

b) Porque el mercado no les valora

En un sistema capitalista, el mercado recompensa a quien satisface los gustos de los consumidores, y no premia especialmente al mérito intelectual (Todos conocemos ejemplos).

De hecho, si el intelectual no triunfa, es bastante probable que le eche la culpa al “sistema”, cosa que no suelen hacer otros colectivos, como por ejemplo, los hombres de negocios fracasados.

El mercado libre o liberalismo apuesta por la responsabilidad, de modo que no es tan fácil echarle la culpa a otro de nuestro propio fracaso.

Razón principal, según Nozick

Nozick considera válidos los argumentos anteriores. Sin embargo, par él el punto crucial es la excesiva expectativa de valoración de los intelectuales. Expectativa que no concuerda con la realidad, pues ya hemos visto que el mercado no les valora especialmente.

¿Y por qué debería el mercado valorar a los intelectuales más que a otros?

¿Por qué esperan eso los intelectuales? Pues por la valoración que han recibido en la escuela.

Los intelectuales pasan sus primeros años en una escuela, un mundo donde el sistema de recompensas se basa en el mérito individual: los intelectuales son los más apreciados, la clase alta.

Además, las recompensas importantes se distribuyen por parte de una autoridad central: el profesor.

Cuando abandona la escuela, el intelectual quiere que la totalidad de la sociedad sea una extensión de la misma, para que sea como el entorno en que le fue tan bien y en que tanto se le apreció. Pero la realidad no es esa, el mercado no retribuye según el talento, aunque se parece los suficiente como para que exista la expectativa del intelectual.

Es más, el intelectual considera superior el mecanismo centralizado y ordenadode distribución de los bienes y recompensas frente a “la anarquía y el caos del mercado”.

Como siempre, espero vuestra opinión.

¡Hasta pronto!

El artículo entero lo pongo otra vez aquí, si alguien quiere leerlo.