Hoy traigo un libro un tanto polémico, el primero de la trilogía que Oriana Fallaci dedicó a la lucha entre Europa y el islam.
Voy a hablar poco de lo que dice el libro, que espero que hayáis leído, me interesa más deciros lo que a mí se me ocurre al hilo de su lectura.
Sólo tres cosas:
Oriana empieza recordándonos qué significa islam: sumisión a Dios, es decir, anulación del individuo, es decir, incompatibilidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es decir, particular humillación de la mujer.
Tomando un bonito ejemplo nos recuerda que el desierto no tiene matices, que allí el sol da de plano y todo es blanco o negro, bueno o malo, que el islam tiende al fanatismo.
Al hilo de
Lo primero que uno se pregunta es
¿Qué hacer?
Y la respuesta es sencilla:
Debemos conocer nuestros valores, nuestra cultura.
Defenderlos, que son iguales o mejores que los demás, y son los nuestros.
No tolerar al que no los respete o no los acepte.
Sobre todo: mantener nuestro tono anímico, esa especial tensión de los pueblos de occidente, ese afán insaciable de Atenas que decía Tucídides, esa crisis en la que siempre está Europa que decía Ortega.
Insistir en la igualdad de oportunidades, seas del sexo que seas, del color que seas.
Premiar al mérito, venga de donde venga, tenga el color que tenga.
Desgravar mucho y subvencionar poco.
Pensar mucho, criticar mucho, tolerar mucho.
Vivir mucho, que eso es Europa.
