Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Liberalismo

La economía de la oferta (Campus FAES)


 Cae la noche en Navacerrada, despacio, muy despacio. Estamos en los días más largos del año, esta noche no va a haber luna y además, Venus está madrugando, la tarde no parece tener fin.

Ando en un curso de verano, uno de economía, "Confianza contra la crisis" se llama, de la Fundación FAES.

Esto de las fundaciones es algo difícil de entender, sobre todo para aquellos que ven la economía como puro cálculo (económico), en lugar de verla como una reflexión sobre las decisiones humanas.

En una de estas decisiones sin ánimo de lucro me he pasado un viernes, un sábado y hasta un domingo (Sí, un domingo, y a las 10 de la mañana), navegando entre conferencias, debates, ideas, posturas y, sobre todo, personas.

¿Qué hemos hecho?

Hemos hablado de la crisis, por supuesto, dedicando mucho tiempo al diagnóstico y algo menos al plan de acción, al cómo generar esa confianza que es necesaria. Yo voy a apuntar aquí lo que más me ha llamado la atención:

  • Quizá no sea tan necesario salvar todo el sistema financiero, es decir, todos los bancos y/o cajas. Después de todo, lo importante es que se concedan créditos ¿o no?
  • La regulación ha sido incorrecta y no escasa, o al menos eso decían la mayoría de las voces del Campus, frente a la opinión mayoritaria, que afirma lo contrario.
  • Debemos reformar el mercado de trabajo, lo cual no significa necesariamente abaratar los despidos y, mucho menos, hacerlo ahora.
  • Aún más importante, debemos mejorar el sistema educativo (mediante una reforma aún más profunda).
  • Por último: Una crisis como esta es siempre una gran oportunidad para mejorar el funcionamiento del sistema económico, y los políticos no siempre se atreven a hacerlo.

Al hilo de

Pero yo creo que la esencia del curso ha estado en la creación de un espacio y un tiempo para la reflexión, para que cada uno elaborara, expresara y discutiera sus propias opiniones. El Campus no ha sido una clase magistral para fijar contenidos en los asistentes.

De hecho, a mí me parece que esto de las fundaciones o de las ONGs ilustra sobremanera el concepto de economía de la oferta, al menos como yo lo entiendo: el emprendedor inventa y crea nuevos productos o servicios para ofrecerlos al público, casi siempre sin esperar algo concreto a cambio, sin comerciar nuestro esfuerzo por una recompensa cierta. El intercambio (mercado) es secundario.

De este modo, la clave del progreso humano estaría en liberar recursos, en quitar obstáculos a todos los "generosos" para que pudieran inventar, innovar, crear, emprender, construir... Aquí podéis ver la reseña de uno de los principales impulsores de esta teoría: "Riqueza y Pobreza" de George Gilder.

Puede parecer ingenuo, pero yo pienso que todo escritor escribe mucho más allá del dinero, al igual que todo músico, no digamos un poeta. Creo que todo ser humano tiene el impulso de crear, de construir, de ofrecer su obra al resto de la humanidad.

De hecho, si realmente somos serios, el cálculo económico, tan denostado, no es nunca el que decide qué hacer, el impulso que nos mueve a la acción. Una vez que tenemos una idea, el análisis económico es tan sólo el método que nos dice el cómo, el que nos indica el camino más adecuado para llegar al objetivo elegido.

Final

Bueno, os dejo que en Navacerrada el cielo ya está lleno de estrellas y hace una noche espléndida, como para dejarse de tantas ideas y ponerse a pasear con una chica bonita.

Claro que ese es otro tema.

O quizá no.

 ¡Hasta pronto!

El regreso de la historia y el fin de los sueños


Traigo hoy un libro recién publicado por Robert Kagan, uno de los mayores expertos americanos en política y relaciones internacionales.

El libro repasa los principales acontecimientos de los últimos 10 años e identifica algunas tendencias más que interesantes, os resumo algunas cosas:

Parecía el fin de la historia

Cuando Francis Fukuyama publicó su famoso artículo, “El fin de la historia”, habían pasado pocos años desde la caída del muro, la guerra fría caminaba hacia el olvido por la vía rápida y parecía que realmente entrábamos en un nuevo orden internacional, donde los conflictos ideológicos se disolvían y los estados-nación desaparecían o se unificaban en unidades más grandes.

¡Qué casualidad! Igual que ocurrió con la Unión Europea, donde se hablaba de la incorporación de los países del este de Europa usando el concepto de “Imperio Voluntario”.

Pero no era así

En los últimos 10 años la competencia internacional entre las grandes potencias ha vuelto, la democracia liberal ha frenado su expansión y parece claro que ya no estamos en una era de convergencia sino de divergencia.

La rivalidad no se da entre dos superpotencias, como en la guerra fría, no. Se da entre grandes potencias regionales: Rusia, China, India, Japón, Irán, etc, que compiten entre sí como lo hacían los países europeos en el siglo XIX (De ahí el título del libro, el regreso de la historia).

Esta rivalidad no es ideológica o al menos, no lo es en lo fundamental. Pero que no tengan ideología o que no le den tanta importancia, no estorba para que estas potencias sí tengan un conjunto de creencias e intereses que está en la base de sus actuaciones. Así por ejemplo Rusia o China creen firmemente que el orden y la estabilidad son mejores que la “democracia”, mejores para incrementar el nivel de vida de los ciudadanos y para incrementar el respeto de la comunidad internacional.

Igualmente, todas estas potencias regionales tienen un fuerte afán expansivo, en parte para justificar y legitimar a sus respectivos gobiernos (siempre es más fácil que la gente no se rebele si se siente parte de un país fuerte y respetado).

¿En qué nos equivocamos?

Robert Kagan analiza con cuidado algunos de los supuestos básicos de la hipótesis del fin de la historia:

Uno de los principales es la creencia en la inevitabilidad del progreso humano, el pensar que la historia avanza en una única dirección y que lo hace porque sí, independientemente de los esfuerzos y obras de los hombres.

Si esto fuera así, entonces la receta para que el mundo sea mejor es muy fácil, necesitamos paciencia y moderación, que todo saldrá bien. Basta con crear un sistema más perfecto de leyes e instituciones que anime a todos los países a ser “buenos”.

Otro de los supuestos consiste en pensar que la naturaleza humana es modificable y que la democracia liberal, la prosperidad y el comercio pueden no sólo limitar los instintos naturales de agresión y de violencia, sino que pueden incluso transformar los instintos en sí (Fukuyama dixit).

Pero la historia nos ha vuelto a demostrar que la expansión económica de un país es compatible con un gobierno autocrático (Rusia o China) y que ni dicha expansión ni la del comercio internacional han producido una mayor armonía mundial.

Al hilo de

Para terminar por hoy, vamos a centrarnos en las consecuencias de estos hechos, tratando además de adelantar propuestas que nos ayuden a afrontar estas consecuencias.

Una de las primeras consecuencias que podemos ver es que la Unión Europea no está preparada para un problema que no tenía previsto, lidiar con Rusia, China o Irán a la manera del siglo XIX. Está claro que cada vez que ellos se saltan las normas en Europa nos quedamos hablando durante horas, sin saber qué hacer y, por supuesto, sin hacer nada.

Como efectos colaterales tenemos las discrepancias con los americanos, que piensan y hablan mucho menos pero actúan mucho más (probablemente de más, algunas veces).

Otra consecuencia importante de la nueva rivalidad entre potencias es la falta de consenso internacional a la hora de afrontar los conflictos, plasmada sobre todo en la incapacidad del Consejo de Seguridad de tomar cualquier decisión que involucre a más de una de dichas potencias.

¿Qué podemos hacer?

Deberíamos entender que estamos ante el viejo conflicto: liberalismo frente a autocracia y que en este conflicto, las democracias liberales deben estar unidas.

Debemos afrontar con realismo los problemas que tenemos, estudiarlos y analizarlos y buscar soluciones y no esperar a que se resuelvan porque sí, pensando como en los 90 que la democracia era inevitable.

Por ejemplo, debemos seguir presionando para expander el liberalismo y los derechos humanos, para mejorar el papel de la mujer, de los niños, etc. No debemos resignarnos pensando que en China nunca habrá libertad o que los musulmanes no llegarán nunca a la democracia. Demasiada gente pensaba eso de los países comunistas y se quedó sin hacer nada.

Más ejemplos: prescindir del Consejo de Seguridad de la ONU, sustituir la OTAN por otra institución más amplia, que incluyera la India, Australia, Japón, quizá a Brasil, Colombia, etc.

En fin, que ya está bien por hoy, os dejo y os deseo que paséis unas felices vacaciones.

¡Hasta pronto!

Elecciones liberales



Ya llegan las elecciones, la mayor fiesta de la democracia, ¡Qué bien! ¡Todos a votar!

¿Y quién quieres que gane? ¿Y qué quieres que haga? ¿Y cómo quieres que llueva?

Pues yo lo que quiero es que llueva a gusto de todos, si es posible por la noche, que fastidia menos.

Y ganar, que el Madrid gane la liga, como Dios manda, el Barça la copa y el Milan la de Europa, que mi prima es rossonera.

Olé.

Al hilo de

Y gane quien gane estas felices elecciones a mí lo que me gustaría es que ...

- ¡Que gobierne poco!

- ¿Cómo?

- Pues eso, que gobierne poco.

- ¡Toma!

- Y si no puede ser que gobierne poco, entonces, por favor, que gobierne bien.

- ¡Vaya!

- Y si no puede ser que gobierne bien, entonces, por favor, que no dure mucho su gobierno.

- ¿?

- Y si no puede ser que gobierne poco, ni que gobierne bien ni que apenas dure su gobierno, entonces...

- Entonces por favor, que nosotros no lo suframos.

¡Hasta pronto!

Another brick in the wall, Part 2 (Pink Floyd, Educación y Ciudadanía)


Tenía yo 13 años cuando Pink Floyd sacó a la calle esa canción y me encantó. Recuerdo el vídeo, un montón de niños gritando contra sus profes, con cara de enfadados:

We don’t need no, education

We don’t need no, thoughts control.

La canción asimilaba la educación al control del pensamiento, y apalancaba el mensaje con una buena dosis de rebeldía adolescente, vendieron millones de discos.

Unos cuantos años después sigo creyendo que la canción tenía algo de razón, que la línea que separa la educación de la manipulación es realmente delgada, y si no que se lo digan a Sócrates.

Viene todo esto Al hilo del debate sobre la educación para la ciudadanía, que sigue estando de moda, y al que me gustaría añadir un par de notas de mi cosecha:

La primera es que no es lo mismo enseñar que educar: Enseñar, instruir o transmitir conocimientos es una cosa y educar es otra bien distinta.

Educar es algo más, es formar la personalidad, orientar la voluntad, adoctrinar, dirigir. Lo podéis ver aquí, en la RAE

Ahora bien, hoy en día, no es sólo que prime educar, es que además está de moda la “educación en valores”, que significa, según lo visto hasta ahora, formar la personalidad, orientar, adoctrinar, dirigir a los niños hacia unos valores (y no hacia otros).

De aquí surge la segunda cuestión que hoy nos ocupa: ¿Cuáles deben ser estos valores?

La respuesta no es sencilla, veamos algunos ejemplos: Cuenta Jenofonte que los persas centraban la educación de los niños en dos valores: decir la verdad y montar a a caballo y eso es todo lo que hacían hasta los 12 años. ¿Qué os parece?

Vamos con otro ejemplo: supongamos que es la Iglesia quien educa. Es fácil y comprensible que insista en los valores trascendentes, ninguneando los terrenales, ¿no?. Ahora bien, hay un detalle importante, después de 20 siglos, la educación en valores de la Iglesia es hoy voluntaria. ¿Qué a usted le parece bien? Estupendo, envíe a sus hijos a un centro educativo religioso. ¿Qué a usted le parece mal? Pues no los envíe.

Un último ejemplo: si dejamos que la educación esté en manos del estado, lo normal es que ocurra lo mismo, es decir, que prime los valores que le son más cercanos y posponga los demás. Como ejemplo de los primeros tenemos todos los que fomentan el espíritu de grupo: la igualdad, la solidaridad, la paz. Entre los segundos se cuentan la verdad, el espíritu crítico, la libertad, etc. De nuevo tenemos que fijarnos en un detalle y es que las actuaciones del estado no son en general voluntarias, sino obligatorias. Además, al estado le encanta el café para todos, que todos somos iguales (o deberíamos).

No quiero aburriros más. Por todo lo anterior estoy totalmente a favor de enseñar los conceptos clave relacionados con la ciudadanía: nuestra constitución, algunas nociones básicas de derecho, quizás de economía ...

También por todo lo anterior estoy totalmente en contra de cualquier “educación en valores” que sea estatal, obligatoria e igualitaria, incluida la Educación para la Ciudadanía, que en palabras de Roger Waters, es sólo un ladrillo más en el muro liberticida que trata de rodearnos.

¡Ciao!

Porqué se oponen los intelectuales al capitalismo


Robert Nozick estudia en este artículo la tendencia de los intelectuales a asumir posiciones más a la izquierda de la media y a oponerse a la economía de mercado, e investiga sus posibles causas. Su conclusión es que hay una relación más que plausible con el sistema de recompensas de la escuela, totalmente contrario al del mercado, que genera una excesivas expectativas en los intelectuales.


Robert Nozick saltó a la fama a primeros de los 70, gracias a su tratado “Anarquía, Estado y Utopía”, que se centra en la defensa de los derechos del individuo y que, junto con John Rawls y su Teoría de la Justicia, relanza el debate político, un tanto apagado por aquel entonces.

Su faceta de filósofo es menos conocida, pero igual de interesante. Hoy hablaremos de un artículo que publicó a mediados de los 80, dentro del libro “Puzzles Socráticos”.

Si alguien quiere leerlo entero, lo puede encontrar aquí.

Robert Nozick comienza su artículo delimitando claramente a quién se refiere cuando habla de intelectuales:

“Aquellos que, por vocación, tratan con las ideas, según se expresan en palabras, moldeando el flujo de palabras que otros reciben”.

Estos forjadores de palabras incluyen a los poetas, novelistas, periodistas de diarios y revistas y numerosos profesores.

No incluyen a aquellos que primordialmente crean y transmiten información formulada cuantitativa o matemáticamente (los forjadores de números).

A continuación repasa algunos indicios que nos muestran que sí, que por término medio los intelectuales se sitúan más a la izquierda que los que tienen su mismo estatus económico. ¿Por qué?.

Posibles razones (1ª parte)

Nozick propone un primer grupo de razones sacados de la experiencia, veamos un ejemplo:

Las personas inteligentes ven mejor la realidad y, por tanto, ven más claramente que los demás que el capitalismo es malo y por eso se oponen. Claro que entonces tenemos que preguntarnos por qué los forjadores de palabras se oponen más que los forjadores de números, ¿acaso no son igual de inteligentes?

Tenemos que seguir buscando

Posibles razones (2ª parte)

Nozick continúa con un segundo grupo de razones, mucho más elaboradas:

a) Por interés

Los intelectuales piensan que en una sociedad socialista les iría mejor, incluso pueden pensar que ellos gobernarían, idea que les resulta atractiva y que no es ninguna sorpresa. (Recordemos que Platón, en la República, define la sociedad ideal como aquella en la que gobiernan los filósofos.)

También piensan que una sociedad socialista está organizada siguiendo un plan consciente, es decir, una idea. Las ideas son la materia prima de los forjadores de palabras, y de este modo una sociedad planificada convierte en primordial aquello que constituye su labor profesional, con los beneficios asociados que ello conlleva.

b) Porque el mercado no les valora

En un sistema capitalista, el mercado recompensa a quien satisface los gustos de los consumidores, y no premia especialmente al mérito intelectual (Todos conocemos ejemplos).

De hecho, si el intelectual no triunfa, es bastante probable que le eche la culpa al “sistema”, cosa que no suelen hacer otros colectivos, como por ejemplo, los hombres de negocios fracasados.

El mercado libre o liberalismo apuesta por la responsabilidad, de modo que no es tan fácil echarle la culpa a otro de nuestro propio fracaso.

Razón principal, según Nozick

Nozick considera válidos los argumentos anteriores. Sin embargo, par él el punto crucial es la excesiva expectativa de valoración de los intelectuales. Expectativa que no concuerda con la realidad, pues ya hemos visto que el mercado no les valora especialmente.

¿Y por qué debería el mercado valorar a los intelectuales más que a otros?

¿Por qué esperan eso los intelectuales? Pues por la valoración que han recibido en la escuela.

Los intelectuales pasan sus primeros años en una escuela, un mundo donde el sistema de recompensas se basa en el mérito individual: los intelectuales son los más apreciados, la clase alta.

Además, las recompensas importantes se distribuyen por parte de una autoridad central: el profesor.

Cuando abandona la escuela, el intelectual quiere que la totalidad de la sociedad sea una extensión de la misma, para que sea como el entorno en que le fue tan bien y en que tanto se le apreció. Pero la realidad no es esa, el mercado no retribuye según el talento, aunque se parece los suficiente como para que exista la expectativa del intelectual.

Es más, el intelectual considera superior el mecanismo centralizado y ordenadode distribución de los bienes y recompensas frente a “la anarquía y el caos del mercado”.

Como siempre, espero vuestra opinión.

¡Hasta pronto!

El artículo entero lo pongo otra vez aquí, si alguien quiere leerlo.

Carl Menger o los conceptos básicos de economía (1ª parte)


Hace ya 136 años que Carl Menger publicó sus Principios de Economía Política y todavía hoy guardan plena vigencia sus conceptos.

El libro supone un hito importante, pues junto con las publicaciones simultáneas de Jevons y Walras, marca el origen de la economía moderna, en lo que se ha dado en llamar “Revolución Marginalista”.

Pero además se lee muy bien, sus argumentos son sencillos y están expuestos de manera didáctica, no en vano Menger ha sido uno de los grandes profesores de la Universidad de Viena, que tan grandes talentos dio en la frontera entre los siglos XIX y XX.

Pero vayamos al libro y veamos sus conceptos básicos.

1. Introducción: concepto de economía

La primera sorpresa del libro está en el modo de entender la Economía, que Menger no define a la manera clásica, es decir, planteando qué producir, cómo producirlo y para quién producirlo. Él concibe la economía como la búsqueda de la satisfacción de las necesidades humanas, que parece casi lo mismo pero no lo es, pues el foco queda en las personas y no en los procesos productivos.

2. El concepto de bien

Carl Menger comienza su exposición definiendo los bienes como aquellas cosas que tienen la virtud de poder satisfacer las necesidades humanas, llamando a continuación la atención sobre algo importante: la cualidad de bien no es algo intrínseco, pues si desaparece la necesidad, la cosa deja de ser un bien, deja de tener utilidad.

3. Los bienes económicos

Ahora bien, según Menger no todos los bienes son económicos, pues para que un bien sea económico tiene que darse una circunstacia muy particular: que la cantidad en la que esté disponible sea inferior a la cantidad necesaria.

Menger complementa esta distinción afirmando que los bienes, en general, tienen “utilidad”, mientras que sólo los bienes económicos tienen “valor”.

Dejamos para el próximo día la famosa teoría del valor de Carl Menger y vemos el último de los conceptos de hoy.

4. La propiedad privada

A partir de las definiciones anteriores, Menger afirma que la propiedad privada es consecuencia inevitable de la existencia de bienes económicos, y que no podemos acabar con ella fácilmente.

Menger deja claro que siempre que un bien esté disponible en cantidad menor de lo necesario, aparecerá la propiedad, pues sólo una parte de la sociedad dispondrá de dicho bien.

Y la única manera de acabar con la propiedad es conseguir que el bien deje de ser económico, es decir, que la cantidad disponible sea mayor que la necesidad.

Menger nos llama la atención sobre un punto importante: Si tenemos menos bienes que dueños, podemos conseguir que la propiedad cambie de manos, pero no que desaparezca. Incluso si hacemos un truco y decimos que la propiedad es de todos, al final, los derechos asociados a la propiedad, o sea el poder de disposición, sólo pertenecerán a unos pocos.

5. Algunas aplicaciones de estos conceptos

Para finalizar por hoy me gustaría plantear algunas cuestiones:

1. ¿Os parece correcta la definición de economía de Carl Menger? ¿Se os ocurre un contraejemplo?

2. ¿Os parece operativa, es decir, creéis que se puede obtener algún resultado útil?

Esta vez os pongo yo un ejemplo: Fijaos que para averiguar el precio de algo, el enfoque clásico piensa en el proceso de fabricación y calcula el precio a partir de los costes, añadiéndole un margen, la famosa plusvalía. Carl Menger, sin embargo, se plantea como punto de partida las necesidades humanas y llega a la conclusión de que los precios no tienen que ver con la historia, ni con los costes de fabricación, ni con la dichosa plusvalía, sino con la valoración subjetiva que haga el comprador, es decir, lo que esté dispuesto a pagar. ¡Y todo esto en 1871!

3. ¿Podríais dar un ejemplo de algo que antes fuera un bien y ahora ya no lo sea? ¿Y al contrario?

4. ¿Y de un bien que antes fuera económico y ahora ya no?

Bueno, yo creo que ya está bien, al menos por hoy.

¡Hasta pronto!

Reseña del libro "Liberalismo", de von Mises


Hoy traemos otra vez caza mayor: El tratado sobre liberalismo que Ludwig von Mises escribió en 1927, en plena euforia de los felices años veinte. Comenzamos.

1. Introducción: algunos conceptos

Von Mises comienza su libro definiendo algunos conceptos fundamentales, de esos que realmente vale la pena tener claros. Son los siguientes:

Primer y fundamental concepto: El liberalismo según von Mises ...

...es el esfuerzo intelectual por detectar, destacar y recuperar los principios propios de la civilización occidental. ¡Recordemos que estamos en 1927!

Segundo concepto: La libertad

Es la ausencia de coacción por parte de terceros, es decir, la posibilidad de actuar en conformidad con fines y valores propios. Aquí Mises nos deja clara su filiación con la tradición anglosajona que arranca en Locke.

Tercer concepto: La sociedad (Empieza la miga)

Es la cooperación libre y voluntaria entre los seres humanos, fundamentada en la división del trabajo.

Esta cooperación es resultado de un proceso evolutivo de ensayo y error. De modo que instituciones como el dinero o el derecho son fruto no intencionado de la acción humana, y no son producto del humano diseño. Para Mises la sociedad no puede organizarse “por decreto”.

Sobre todo porque es imposible que una persona o un grupo reducido disponga del conocimiento total necesario para tomar todas las decisiones.

Cuarto concepto: El mercado

Es el medio más eficiente para producir, por supuesto, tal como demuestra el consenso actual entre los economistas. Ahora bien, Mises afirma sin ningún complejo que también es el más adecuado para repartir, entre otras razones, porque producir y repartir los beneficios son partes de un todo inseparable. No es factible durante mucho tiempo que el mercado produzca y el estado distribuya. Si la distribución de la riqueza que generan los procesos productivos no guarda relación con dichos procesos los agentes productivos pierden sus incentivos y disminuyen o cesan en su producción.

2. El objetivo del liberalismo

A continuación entra en materia con los objetivos del Liberalismo:

El principal objetivo del liberalismo es el bienestar

El liberalismo busca el bien para toda la sociedad, el mayor bienestar para el mayor número. De hecho, el liberalismo no difiere del socialismo o de otros sistemas políticos en sus fines, sino en los medios empleados.

Ahora bien, el liberalismo se centra en la actuación terrenal del hombre, en el progreso externo, en el bienestar material de los humanos.

Porque el liberalismo no cree que la política económica pueda procurar al hombre felicidad y contento, el liberal sabe que las riquezas íntimas y espirituales no pueden ser insufladas desde fuera, por eso se centra en procurar los presupuestos externos precisos para el debido desarrollo de la vida interior (“the pursuit of happiness” que decían los americanos).

Cuáles no son los objetivos del liberalismo

Decidir qué quiere la sociedad. El liberalismo propone medios no fines.

Mejorar a los hombres, eso tarea de cada uno.

Conseguir el bien “común”, ya sea de toda la sociedad, ya de cualquiera de sus colectivos.

3. Críticas al liberalismo

Mises dedica luego una buena parte de su argumentación a las críiticas recibidas por el liberalismo, rebatiendo las principales:

El liberalismo sólo favorece a los ricos

No es cierto, el liberalismo ha favorecido sobre todo a los pobres, que viven hoy mejor que los ricos de ayer, mientras que éstos últimos han mejorado sólo un poco.

En un mundo verdaderamente liberal, los capitalistas o empresarios sólo tienen un modo de ganar dinero, satisfacer los deseos de los consumidores.

El liberalismo es demasiado materialista

Como ya hemos dicho, aquí la cuestión está en que el liberal cree que los valores espirituales y culturales son profundamente personales y no pueden ser fomentados “por decreto” de la política económica.

El liberalismo es demasiado racionalista, no tiene en cuenta los sentimientos

Demasiadas veces el liberal, como el médico, “receta” un sacrificio momentáneo para conseguir un bien futuro. Ese sacrificio es exagerado y aprovechado por los demagogos, que le llaman enemigo del pueblo.

Ahora bien, si hablamos de política económica, debemos actuar racionalmente, como en los demás campos del saber: empleando la reflexión y la observación.

4. Las raíces sicológicas del antiliberalismo

Para Mises, la principal oposición al liberalismo no es de índole racional, no dispone de argumentos lógicos.

Uno de los principales motivos es la aversión a la desigualdad: demasiada gente no soporta que algunos tengan más que otros, aunque hayan conseguido sus frutos con un gran esfuerzo. Para muchas personas es preferible una sociedad más igualitaria, en la que el nivel sea más bajo, a una sociedad desigual en la que todos vivan mejor.

Por otra parte, el liberalismo deja en cada individuo la responsabilidad de sus triunfos y fracasos y todos conocemos personas que prefieren no asumir esa responsabilidad y, en su lugar, echarle la culpa de sus fracasos al “sistema” o a la sociedad o al contubernio judeo-masónico.

Nosotros dejamos aquí este magnífico libro, que continua con la exposición detallada de los principios del liberalismo y que se lee realmente bien, como casi todos los del autor.

5. Al hilo de …

Como hoy nos hemos extendido mucho vamos a terminar de manera breve, citando a nuestro gran maestro:

Liberalismo es creer que todo ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intrasferible destino.

José Ortega y Gasset, el Espectador VIII, 1930.

¡Hasta pronto!

La jungla de la nomenclatura liberal


Hay palabras que mantienen su significado cuando pasan de un idioma a otro y palabras que lo cambian. Un buen ejemplo de ello es la palabra liberal, cuyo significado en cristiano no tiene nada que ver con su significado en inglés.
Pues bien, hoy publicamos en nuestro blog una breve nota para recomendaros un artículo: La jungla de la nomenclatura liberal, de Antonio Mascaró, que puede resultaros muy útil a la hora de discernir entre la gran maraña de términos relativos al liberalismo.
Espero vuestros comentarios, sobre todo el de Luis V.