Tenía yo 13 años cuando Pink Floyd sacó a la calle esa canción y me encantó. Recuerdo el vídeo, un montón de niños gritando contra sus profes, con cara de enfadados:
We don’t need no, education
We don’t need no, thoughts control.
La canción asimilaba la educación al control del pensamiento, y apalancaba el mensaje con una buena dosis de rebeldía adolescente, vendieron millones de discos.
Unos cuantos años después sigo creyendo que la canción tenía algo de razón, que la línea que separa la educación de la manipulación es realmente delgada, y si no que se lo digan a Sócrates.
Viene todo esto Al hilo del debate sobre la educación para la ciudadanía, que sigue estando de moda, y al que me gustaría añadir un par de notas de mi cosecha:
La primera es que no es lo mismo enseñar que educar: Enseñar, instruir o transmitir conocimientos es una cosa y educar es otra bien distinta.
Educar es algo más, es formar la personalidad, orientar la voluntad, adoctrinar, dirigir. Lo podéis ver aquí, en la RAE
Ahora bien, hoy en día, no es sólo que prime educar, es que además está de moda la “educación en valores”, que significa, según lo visto hasta ahora, formar la personalidad, orientar, adoctrinar, dirigir a los niños hacia unos valores (y no hacia otros).
De aquí surge la segunda cuestión que hoy nos ocupa: ¿Cuáles deben ser estos valores?
La respuesta no es sencilla, veamos algunos ejemplos: Cuenta Jenofonte que los persas centraban la educación de los niños en dos valores: decir la verdad y montar a a caballo y eso es todo lo que hacían hasta los 12 años. ¿Qué os parece?
Vamos con otro ejemplo: supongamos que es la Iglesia quien educa. Es fácil y comprensible que insista en los valores trascendentes, ninguneando los terrenales, ¿no?. Ahora bien, hay un detalle importante, después de 20 siglos, la educación en valores de la Iglesia es hoy voluntaria. ¿Qué a usted le parece bien? Estupendo, envíe a sus hijos a un centro educativo religioso. ¿Qué a usted le parece mal? Pues no los envíe.
Un último ejemplo: si dejamos que la educación esté en manos del estado, lo normal es que ocurra lo mismo, es decir, que prime los valores que le son más cercanos y posponga los demás. Como ejemplo de los primeros tenemos todos los que fomentan el espíritu de grupo: la igualdad, la solidaridad, la paz. Entre los segundos se cuentan la verdad, el espíritu crítico, la libertad, etc. De nuevo tenemos que fijarnos en un detalle y es que las actuaciones del estado no son en general voluntarias, sino obligatorias. Además, al estado le encanta el café para todos, que todos somos iguales (o deberíamos).
No quiero aburriros más. Por todo lo anterior estoy totalmente a favor de enseñar los conceptos clave relacionados con la ciudadanía: nuestra constitución, algunas nociones básicas de derecho, quizás de economía ...
También por todo lo anterior estoy totalmente en contra de cualquier “educación en valores” que sea estatal, obligatoria e igualitaria, incluida la Educación para la Ciudadanía, que en palabras de Roger Waters, es sólo un ladrillo más en el muro liberticida que trata de rodearnos.
¡Ciao!
